jueves, 3 de enero de 2013

Remember.

Haz como que todo va bien. Como si no tuvieses ganas de dejarme la espalda hecha un cristo después de haberte follado toda la noche. Como si no tuvieras más desenlace que tu entrepierna contra la mía una y otra vez golpeteando. Haz como si fuera bonito lo de ponerme caliente, reina. Que el diamante de tu espalda siempre brille por mí, que por otro me la suda, porque el único carbono que dio a luz ese diamante, fui yo. Recuérdame. Recuérdate. Recuérdanos. Recuerdos. No les tengas miedo. Esos ilusos dicen que rompen, y esos son, ilusos. Yo contigo, tengo buenos recuerdos. ¿O no? O si. Todo teniendo en cuenta que perfil de buenos recuerdos tenemos cada uno.

Para mí las peleas eran buenos recuerdos. Y los polvos de después mientras te mordías el labio y me mirabas de reojo con los gemidos entreabiertos, también eran buenos recuerdos. Reina, si vas a reinar, empieza por mis ruinas, a ver cómo se te da, pero no esperes riqueza y joyas, que yo solo tengo mi voz y mi polla, no más. ¿Más buenos recuerdos? Cuando me odiabas. Me sentía más muerto, por lo tanto me recordaba que había estado más vivo, y que se podía estar más vivo porque me sentía muerto. Iluso, iluso... cuándo aprenderé.

Te acuerdas de ese primer verde, que decías que querías para verme más. Mira a la Luna, que está sola y le importa una puta mierda - mentira, mentira, deja de mentir ya, la Luna llora conmigo todas las noches entre resquicios de lo que fue, le han dado tantos golpes esos meteoritos que me comprende mejor que ninguna - ¿a quién veías, mientras mirabas a la Luna? ¿A mí o a mí? Sabes que no somos la misma persona, lo sabes mejor que ninguna.


¿Recuerdas? Recuerdos. Como un témpano de hielo. Exasperante. Intrigante. Pero, chica, recuérdalo, yo tampoco fui nunca importante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario