domingo, 10 de noviembre de 2013

Dear Anxiety.

Querida ansiedad. He vuelto a escribir sobre un piano mientras se me congelaban las ideas, mientras intentaba vaciarme cuando no tengo nada dentro. He vuelto a sentir el frío de las lágrimas en las córneas y resbalando por la cara cuando creía que estaba exento de sufrir de esa forma.

Y mi pregunta retumba en mi cabeza como si se tratase de una bola golpeando contra las paredes de una caja de metal, haciendo el mismo ruido, insignificante para algunos pero que empieza a hacerse estruendo y no te deja pensar, no te deja respirar y ni mucho menos te deja vivir.

¿Por qué?

El nudo en la garganta sigue quemando, sigue apretando, sigue rompiendo. Necesito. Necesito. ¿Qué necesito? Ha llegado el momento en el que la vida sería más fácil con una camisa de fuerza que me condicionara y unos tapones que me aislasen del mundo.

Se me atraviesa el pecho cada vez que la miro con ojeras y veo que no puedo hacer nada, que la extensión de mi vida más afín a mí se está consumiendo como las brasas por la noche cuando sopla el viento gélido y nieva la nieve blanca.

Se me atraviesa el pecho cuando veo sus ojos rotos a través del cristal.
Y cuando veo que está intentando salvarme a mí en lugar de a sí misma.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Piel.

Doblar la esquina y encontrarme con su figura. Hablándome desde lejos, como gritándome un réquiem. Ambos sabemos que no puedo coexistir con la idea de que no puedo tocarla y que la única forma de la cual podría hacerlo durante unos meros instantes, sería desapareciendo para siempre entre la neblina y las sábanas para no volver a estar condicionado por la caprichosidad de este mundo.

Las falanges también me susurran de una forma contrapuesta. Están diciendo con voz de cordero degollado que si no rozan tu piel en las próximas siete vidas tenderán a  desintegrarse bajo el frío del invierno y la soledad. Todo milímetro de mi ser las acompaña creando coros dignos del gospel, pidiendo sin alevosía a sus propias ideas lo que quieren...

¿Pero acaso no pido yo lo mismo?

martes, 1 de octubre de 2013

Pandora's box.

Bajo la tenue luz de un flexo vuelvo a inmiscuirme en mis más preciados secretos, en lo más recóndito de mi mente. Esos pensamientos que aparecen súbitamente como un destello fugaz. Como un fantasma, como un ánima caída de la que nadie se acuerda pero que está ahí. Y con su estancia, siguen haciendo el mismo daño que en su arcaica existencia.

Pero, eso da igual ahora mismo.

Todo se resume en recaer. En mis "vuelvo" constantes, mascullados, como intentando idealizarlo para que quede más creíble e incluso pueda parecer heroico. Pero, francamente, no hay nada de heroico en volver a ser un cobarde y tampoco hay nada de heroico en volver a lamentarse.

Tantas connotaciones en una misma palabra... Volver. No es como una moneda, que tiene dos caras y que por las fuerzas de la naturaleza nunca va a caer de canto - aunque haya algunos pobres ineptos que intenten llevar a cabo la metáfora -.

En éste caso, el "volver" se resume en una sola expresión.

He vuelto a abrir mi propia caja de Pandora.

Crack.

Sintiendo como me taladra el esternón con una broca fina, crispando mis nervios y mis lacrimales hasta el punto de no retorno, en ése momento en el que se rompen en mil pedazos distintos y se dispersan, clavándose tanto en el tacto como en la mirada, distorsionando nuestra realidad. Realmente, la realidad ya está distorsionada.

Me crujen las articulaciones del mismo modo que la madera cruje sobre los pies en tablones bien distribuidos, siguiendo un patrón fijo y periódico al que podríamos catalogar de aburrido. Diferentes pisadas, los mismos quejidos, quedándose anticuados entre los volúmenes que se suceden una y otra vez, llegando a ser cansinos.

Tan excéntrico como bostezar mientras estás soñando algo, mientras estás sumido en ese mundo de heterodoxia pura y dura, donde lo mismo se pasa por nuestras retinas la imagen del mayor placer del mundo que de buenas a primeras se convierte en una terrorífica visión de aquello que nos martiriza emulando a una flagelación propia de la Roma clásica.

La saturación es nula, todo está en blanco y negro; muestra una notable fragilidad intempestiva, que no se corresponde más que con un copo de nieve. Tan ordenado y, teóricamente tan fuerte por ello.

Realmente, por muy ordenado que esté, todo termina haciendo "crack".

domingo, 29 de septiembre de 2013

Esmoquin.

Apretando los dientes ante tu figura. Esa tan expresiva y a la vez tan muda. Esa tan malditamente arrolladora, que hace que todos mis sentidos queden desconectados por un largo lapso de tiempo. Un letargo, el mejor letargo del universo. Invernando en tus comisuras, pasando el verano en el sur de tu cuerpo, entre tus tobillos y muslos, entre tus pantorrillas y gemelos. 

Tengo la cabeza inquieta y estoy volviendo a enloquecer porque la droga que hace unos días se me ponía delante de los labios sin ninguna otra dificultad que la de moverme, ya no la encuentro en ningún lugar. Todo me parece tan cínico, el mundo me parece tan cínico. Quizá sea que el anestésico se ha pasado y la dopamina... La dopamina ni siquiera me hacía falta con los estupefacientes que conseguía.

¿Se puede saber qué me pasa?

Una inspiración, honda. Donde antes había dióxido de carbono mezclado con vapor de agua y con un leve olor a tabaco quizá de Marlboro, quizá de Ducado, quizá de cualquier marca de cigarrillos que se me pasara por la cabeza, ahora sólo hay aire fresco. ¿Quién os ha dicho que quiero vuestro estúpido aire fresco? No quiero seguir un estándar, los caprichosos no siguen estándares.

Los caprichosos terminan buscando lo que quieren, quizá ni lo necesiten, pero no es el caso. La sangre me golpetea en la cabeza como si pudiese hacer algo mejor que no escaparse de las cavas y terminar formando una carnicería en medio de todo este burdo cuerpo, lleno de cicatrices invisibles, porque ha tenido que aplicarse ya demasiadas veces un parche.

Los descosidos y los rotos no cuentan, sigo vistiendo esmoquin con harapos. 

viernes, 27 de septiembre de 2013

Aveugle.

Cierra los ojos.

¿Qué ves? Yo veo la nada. Oigo la nada. Saboreo la nada. No sé de qué hablas, tampoco sé qué escuchas. Si el silencio está vigente últimamente, intentando desafiar las leyes de la física, pero retumba en mis oídos tanto que parece que los tímpanos están a punto de desencajarse del conducto auditivo para saltar ensangrentando todo cuanto hay a su paso, como en una explosión de sensaciones, como en una implosión cuando tu cabeza está al límite y no puede aguantar más.

Me muerdo los labios, una, otra, y otra vez. El nerviosismo es palpable en cada célula de mi ser. El golpeteo del pie sobre las baldosas, desnudo, clavándose piezas de ese puzzle incompleto que nadie se atreve a reordenar... Porque es más sencillo sentir el dolor, que es efímero, a terminar formando la imagen de los trozos y que se lea claramente, con una letra cursiva, casi elegante y a la vez intrínsecamente alegre un:

"ESTÁS MUERTO"

Es más fácil ignorarlo e ir desvaneciéndose entre los quejidos de la madera crujiente bajo los pies, colmado de miedo desde los pies hasta el último pelo de la cabeza, es más fácil asustarse y esconderse con el empeine del pie emanando el porqué estás vivo y el porqué puedes morir. Todo lo que te da la vida te recuerda que también te la quita, todo lo que te da la vida te recuerda que no estás vivo por casualidad.

Y que precisamente, tú eres el que menos dueño eres de tu vida.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Reflexión.

Están lloviendo pétalos de cristal que me bombardean la cabeza como si hubiese cometido un crimen perfecto y me tuviesen envidia, como si hubiera conseguido la panacea a todos los males y no quisiera dar un ápice de ella.

Con las miradas hechas girones y siendo irrelevantes, pero relevando todo aquello que pasa por mi cabeza. El horizonte reflejado en mis pupilas, que no en mis córneas, porque siempre es lo más oscuro lo que refleja la imperfección de los demás y lo más transparente, lo que deja ver que somos frágiles, como esos vidrios que caen del cielo. Tan frágiles uno a uno y tan devastadores en conjunto...

Qué pena que el «yo» siempre esté solo.

Coordino los dedos con ataxia o al menos éso parece mientras escribo las líneas desgastadas, queriendo plasmar cada pensamiento que pasa por mi cabeza a la máxima perfección y cayendo en una mediocridad autóctona en mis textos, el afán de auto-superación está al orden del día, pero lo que no está es conseguir el fin a ese empeño.

Llamándome desde el altavoz y oyéndome por el micrófono del teléfono, testarudo, haciendo las cosas al revés con un extravagante aire de locura. Porque deberíamos empezar a escuchar más lo que dicen nuestras propias palabras y luego permitirnos el lujo de gritar a las voces que no sabemos de dónde vienen.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Wet kisses.

El dulce sabor de sus labios. Un latigazo en la lengua de la suya, posesiva y caprichosa. Nada de vehemencia en su roce, demasiada pasión en mis manos amoldándose a sus caderas o a su cintura, según sea el temblor que mi sangre experimente en esos instantes. Como si estuviese a doscientos kilómetros por hora y pareciese que ella es la pared que te para, pero tú sigues acelerando contra tu boca, queriendo llegar más al fondo del asunto, queriendo devorarla hasta que esté tan cerca de ti que el contacto sea una mera imaginación. Es decir, hasta que se fundan las pieles y solamente seamos uno.

Abrir la boca para tomar aire, el destello de sus dientes blancos y de ese colmillo de vampira que se clava en la carne. Una mirada juguetona en mis ojos, el reflejo de ésta en los suyos. Sus falanges recorriendo mi pelo desde la nuca hasta la coronilla, siendo incapaces de moverse, siendo incapaces de pararse. Actuando como una parte independiente de su mente, por instinto animal.

Un tirón basto libera el labio de esas perlas afiladas y entonces se vuelven a juntar nuestras dos hinchazones. La sangre ya no corre por el rosáceo y se ha amoratado. ¿Pero qué más da? Beberías de ese elixir toda la vida como si se tratara de un bálsamo a corto plazo para las heridas; porque herida que se cura, herida que ya no necesita bálsamo. Comerías de esa carne porque creerías que estás saciándote, pero en realidad sólo te estarías volviendo más insaciable, hasta llegar un momento en el que ni el mismísimo aire te haría falta para seguir viviendo.

Las yemas siguiendo el recorrido que las suyas habían hecho sobre mí, pero ahora yo sobre ella. Como si quisiese aprendérmela en braille mientras la beso, como si no fuese suficiente comérmela con los ojos o con la boca.

Y es que, no lo es.

martes, 24 de septiembre de 2013

Unknown

Me dispongo a volver a escribir sobre las teclas de un ordenador con las letras emborronadas por pasar tantas veces los dedos sobre ellas. Cuántos recuerdos se me vienen a la mente en cuanto vuelvo a sentarme, a acariciar el cálido tacto del teclado por el que concurre la electricidad fluida libremente...

Cualquiera podría decir que es un ambiente cínico. Que las máquinas son tachadas de cínicas, y realmente, puede que lo sean. Desde mi perspectiva yo las veo cínicas... Pero la incredulidad del hombre le lleva a ponerle cualidades humanas a cosas que no lo son. Como si fuésemos niños pequeños que no saben designar las cosas y que tienen que identificarlas.

¿Qué sensación nos transmite lo nuevo?

Podremos encontrar un crisol de emociones: miedo, curiosidad, satisfacción, pavor, indiferencia... Pero todos, todos, intentaremos catalogarlo en algún grupo. Tenemos miedo a lo desconocido, a aquello que no sabemos cómo funciona.

Y es por eso que a veces tenemos miedo de nosotros mismos.

En nuestra cabeza confluyen varias ideas. En teoría, nosotros somos los que mejor nos conocemos, pero ¿implica éso que nos tengamos que conocer del todo? Los puentes se derrumban y sus arquitectos piensan que eran prácticamente perfectos... Pero, la práctica no es lo mismo que la teoría.

Intentamos conocernos durante toda nuestra vida, para darnos cuenta de que la hemos desperdiciado intentándolo cuando morimos.

lunes, 23 de septiembre de 2013

TNT.

Parece que la cabeza es dinamita constante. Explosionando. Implosionando.

El nudo en la garganta nunca se irá, hace falta para ser elegante. Es como el nudo de la corbata, nudos Windsor, nudos sencillos, nudos para bodas o para funerales. Pero simplemente, su estatus no hace que dejen de ser nudos. No dejan de ser nudos que si los aprietan un poco más, ahogan.

Estoy mirando al vaho del cristal y todo me parece tan denso. Quizá sea mejor dejar que las apariencias me engañen y que no vuelva a reconocer al galán de etiqueta roja como la sangre que está tras la fina capa de agua. Por si acaso vuelvo a odiarlo, como siempre.

Tintinea en mi cabeza, como las campanas a las doce en una Iglesia, en ese torreón donde lo mismo podría estar declarándole amor eterno un joven a su amada, que lo mismo podría estar uno colgándose de una soga deshilachada.

¿Por qué será que la muerte tiene tanto atractivo, será porque es única?

Vivir, vivimos la mayor parte de nuestras vidas, pero muerte sólo hay una. Es irónico, vida sólo hay una. Pero también hay un sólo océano si lo piensas, compuesto de cientos de mares y de otros océanos más pequeños... Si lo piensas, pero cuando la cabeza es TNT filosofar te puede llevar a la morgue.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Calme.

Me gustaba poder escribirnos con el incienso desnudándonos la piel cuando ya estábamos desprovistos de ropa alguna. Con la saliva como si fuese la tinta y los dedos como si fuesen la pluma. Ése roce tortuoso en el que todos los sentidos se exaltan, haciendo que por cada poro de nuestros cuerpos se transcriba placer puro y suave, como la seda.

Sentir los vellos como escarpias tras una manta descolorida en cualquier día de noviembre, haciendo alusión a los iris cuando nos miramos con las córneas húmedas.

¿Se puede llorar de satisfacción...?

El corazón golpeteando el esternón, con una fuerza decrépita pero fustigándolo como siempre - como nunca - antes lo había hecho... Una inspiración adyacente a la epidermis, llegando a la nuca y colmándola de aire cálido exhalado por una boca caprichosa que quiere devorar todo cuanto puede de la extensión más sensual de tu cuerpo.

Y entonces, me pregunto:

¿Hay alguna parte de éste que no brille apabullando al mismísimo fulgor de la Luna?


Acid.

Dejé otra vez los escritos en la escalera, indeciso si de subir o si de bajar, sin saber muy bien qué rumbo quiero tomar pero sabiendo que tenía que moverme. Las veces que, taciturno y meditabundo en las noches de miseria me miro al espejo, sólo veo un vil reflejo traslúcido que no se corresponde con mi persona. O quizá sí que se corresponda, pero yo no me atrevo a mirar la realidad directamente a los ojos.

Porque da miedo.

Estudio folios y folios, ¿me hace más feliz saber más? Quizá me gustaría saber menos y vivir en la completa ignorancia, como los niños pequeños. Ver, oír y callar. Sin ética ni moral alguna, sin preocupación, sólo en una rutina incesante y con la memoria de un pez que al dar tres vueltas a su celda se asusta, porque no sabe dónde está.

Aunque por el contrario, ¿acaso no vivo ya en una rutina? Del Edén al averno, del averno al Edén, todas las noches por temprano que sea, por corto que sea el lapso de tiempo en el que la transición pase.

Soy un ácido sin base.

Breathing.

La música tenue y yo exhalando otra vez vaho en el bochorno. Quién me iba a decir a mí que iba a dejar de escribir con pianos que me hiciesen suscitar entre tus pestañeos algo más que una sonrisa... La sequedad de mi garganta es inquietante al igual que la humedad de mis córneas. La paradoja es que las dos me dan igual.

Los gritos se suceden una y otra vez en una tanda de agonía que quiere escapar del pecho pero no puede. Quizá no todo lo que se cría en el pecho tiene que ser bueno. Quizá no todo lo que cría la mente tiene que ser malo, pero estoy averiguando que... que quizá, y sólo quizá, sea la excepción que confirme la regla.

Y otra vez mirando a la pared y al gotelé, que me dice que una vez tu espalda estuvo acribillada por ínfimas marquitas de color rojizo, que me dice que luego quedaron amoratadas por la presión que ejercía sobre ti, famélico, exhausto y para nada taciturno...

Que me dicen que no es demasiado tarde como para volver a perdernos entre respiraciones descompasadas.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Froid. Trop froid.

La nuit est froid. Definitivamente, la nuit es froid. Y yo no tengo nada que perder por perderme entre tus balanceos, entre tus cálidos y a la vez tan frívolos ojos, llenos de escarcha, magma, desidia, cariño, (¿)amor(?) u (¿)odio(?). En mi paupérrima idea de que quizá, por esta noche, por este día, en nuestro banco, podamos esperar comiéndonos con los dedos, besándonos con las yemas y hablándonos con los roces. Quién me iba a decir a mí que me enamoraría así otra vez. Another time, baby, you know... It isn't easy to fall in love when you haven't got a heart which beats successfully every time. What can I do? (y así sigue todo... Always, always it is like this).

Resoplo, una y otra vez.

Y no es de tu aire. 

viernes, 24 de mayo de 2013

Incompleto.

Vuelvo a tragar saliva creyéndome elegante, con un esmoquin negro de camisa blanca y corbata roja, clásico, el reloj deslumbrante en la muñeca; casi se pueden reflejar en él los atisbos de inseguridad en los ojos.

Metástasis.

Tengo los metacarpos clavados en la pared, igual que mis ojos vacíos, como chinchetas. El gotelé me recuerda que la espada no siempre es lo que más molesta, y que a veces es la opción más favorable. Contractura en el cuello, no miro atrás porque no sé lo que me espera. Y tampoco es que haya que ser muy listo, pero el pánico no me deja escuchar el fino chirrido de la daga, que acaricia suavemente y enternecedora las tuberías, cual nana de esquizofrénico. Las cañerías gotean, sobre un charco que cubre una mancha de una bota en el barro, un pie grande, para una persona despreciable. Volvería sobre mis pasos, pero ya me he mojado mucho la costura del pantalón con el fango, tú me entiendes.

jueves, 23 de mayo de 2013

Cigarrillos.

He vuelto a sentir, entre comillas. Porque lo único que siento son los tajos de las manecillas. Habitación de motel sucio, como mi pelo, como mi cabeza llena de mierda. La barba de tres días, de cuatro, de... ¿cuánto hace que no me afeito? Levantarme desorientado, con la mano izquierda en la cabeza. Por los agujeritos de la persiana empiezan a entrar los primeros rayos de luz y los asesino en el intento de colarse de ocupas en mi desorden. Miro aquí y allá, haya quien haya. El tenue olor a tabaco en el ambiente y una colilla mal apagada en el cenicero. Moraleja, aquí si te quemas, terminas consumiéndote...

martes, 21 de mayo de 2013

Necrosis.

Tras la fría escarcha,
la cálida mirada
que escapa apabullada
por la regia marcha.

Cuando el fuego no prende mecha
y la máscara desenmascara,
cuando el alma no sale cara
aunque esté llena de brechas.

Cuando el silencio no escucha
y la oscuridad no ciega.
Si huerto no siembra en la vega,
si el pie va libre de babucha.

Si el clavo en planta no clava
y me destierra de vereda.
Cuando no duela la espuela
ni apruete al cuello la esclava.

Desangre puro en las cavas
por la seguridad esquiva.
Espero que esto lo escriba
quien complete cómo acaba.

En el pecho, concava
una agoní ardiente
si sin mandíbula muerde el diente
la lengua queda demacrada.

Siguiendo la propia saga
dictaminada por la soga.
Manos que la nuca ahogan
como en boca romana exceso de paga.

lunes, 20 de mayo de 2013

Être.

Volver, y ante el crudo aire empequeñecer.
Sentirse fiel y escribir en braille sobre el papel.
Verse de bedel, en las noches tomar moscatel.
Saberme el mes en el que empiece a oscurecer.

Sentirme aquel que sabe sentirse dichoso.
Vender la piel despellejada del roce al peor postor.
Sables de hiel y máscaras de mendigo impostor.
Valentía ciega de aquel que mira temeroso.

Contar cuentos en poesias tristes llenas de fábula.
Especular y conjeturar sin especulación ni conjetura.
Rabiar sin dolor porque tampoco siento el placer.

Tornarse el rey masón mientras el pueblo confabula.
Mirar la naturaleza virgen y admirar su hermosura.
Volver, y ante el crudo aire, reírse del quéhacer.

sábado, 18 de mayo de 2013

Efecto mariposa.

¿Sabes de qué te hablo cuando te menciono esa brisa mañanera, que se cuela todas las noches por debjo de tus sábanas, y no te deja descansar tranquilo? Aunque no descanses normalmente. Esa brisa, que termina fastidiándote tanto, pero a la que nadie hace ni el más mínimo caso, y podría ocasionar un huracán.

Llevo el nombre y los apellidos de esa brisa. Así es que siento las falanges de la parca recorriendo mi barbilla, coqueteando conmigo, por haber pecado de tal manera y haber acabado com tantas ilusiones... Mi veredicto es inocente y el suyo muy distinto. Se mira los labios en la guadaña, el fili reluce por el reflejo de la luna nueva sobre éste. Un lobo aulla a lo lejos, añorando a su pareja de madrugadas. Como yo grito desde lo hondo porque Melancolía se ha acoplado en mi cama, con un espejo que deforma la imagen.

Te hablo de esos que sacan tantas risas a los niños, y que suelen estar enmarcados en un payaso, o algo parecido, estas cosas que hacen reír a los infantes. Pero si el chico tiene miedo a los payasos...

Soy como ese chico. Antes mirarme en el espejo me hacía sentir bien, desde que no conozco al reflejo, ni puta gracia.

Nubes negras.

He vuelto a escribir bajo la lluvia que no se distinguen mis ojos del exterior, con el frágil folio volviendo a abandonarme una noche más. Con el pulso desbocado, mirando al frente, la espalda empapada y yo deslizándome. El cuello arqueado, ¿ya no cojo aire? Qué me pasa, qué me pasa, es como si la soga hubiese venido sin mi permiso...

Malditos requisitos, ¿crees que voy a terminar cumpliéndolos? Hablo con el del espejo como si supiera quién soy, como en el tópico del gemelo bueno y el malo, pero yo tengo una crisis de identidad. Las costillas expuestas, ¿los huesos tienen terminaciones nerviosas, o es que el dolor psicológico se está tornando físico? He vuelto a diluviar por algo que juré no volver a guardar duelo, qué paradoja... Tengo complejo de Jesucristo, resucito y me voy a por tabaco, volver a los tres días con abstinencia pura. Y no por los cigarrillos, hay cosas más adictivas, más saludables y más perecederas. Pero arriesgarse a hacerse daño es gratis, a diferencia del tabaco.

jueves, 16 de mayo de 2013

Herejía.

Mira a través de la ventana, ¿qué ves? Nada. Es como esa sensación cuando vas en tren y pasas por un túnel, ¿acaso hay algo fuera que te llame la atención? No es más que un túnel. Pero tú miras en ese fugaz instante. Bendita oscuridad, ¿no deberían ponerte a la izquierda del Padre? A la derecha está por el que se han llevado a cabo millones de muertes... Piénsatelo.

Les yeux cernés.

Corren las manecillas a contrarreloj. Dando golpes sobre cada diente del engranaje. Perfecta sincronía. Se me escapa el tiempo entre los dedos, al igual que se me pierde el pulso. Busco la aorta con las yemas en mi nuca. La piel gélida, tan ardiente...

No hace falta que las quemaduras sean por calor. El nitrógeno líquido en la piel también quema, con frío. Aunque corra impetuoso por mis venas. Las órbitas se me dilatan, los ojos se me salen; un váter bajo mi boca y arcadas dentro de la faringe. Pidiendo redención con las manos clavadas en la cerámica. Goma-2 en oa cabeza, en pleno bulbo raquídeo, a punto de explosionar. Dan dos golpecitos en el cráneo y retumban las meninges.

Como llamar a las puertas del cielo y que desde dentro se hagan los sordos: No eres bienvenido.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Cratos

Risas sin prisa, caerse de la cornisa. Bailar un vals con Lucifer y que me vaya pisando los talones y no las puntas. Vaya marabunta y que madrugada más macabra se nos ha quedado. La traquea rígida, ¿qué será de ella cuando la aplasten mis dedos en la noche, por no querer respirar el oxígeno que Morfeo me hace inspirar? Ya me he acostumbrado a que el odio se extienda por difusión de los pulmones a mi plasma... Es como intentar inyectarle testosterona a una mariposa, igual de absurdo.

Así mismo, es como intentar hacer una obra de teatro para sordos y ciegos. Los ciegos les contaran a los sordos lo que oyen, y serán fallidos en su intento. Los sordos intentarán explicar a los ciegos lo que ven, pero fracasarán de la misma manera.

lunes, 13 de mayo de 2013

Adrenalina.

Los párpados completamente abiertos, al igual que las pupilas, dilatadas, llegando a parecer las de un drogadicto puesto de heroína. El esclarecer me ciega, y eso que vamos a oscuras. Los músculos se me tensan, como si estuviese en peligro. Como si fuese a desatar un grito desgarrador en cualquier segundo. Instinto animal. Los vellos se me erizan, respuesta a un dedo en la nuca, incorpóreo, solo se trata del humo denso de un cigarro mal apagado. Sigo ciego, no veo, por mucho que agudice la vista. ¿A que no te acuerdas de la última vez que miraste algo para después verlo? Yo tampoco, la oscuridad deslumbra tanto...

Tiro un penique y cae de canto, ¿qué pasa? No voy a conseguir salir de mi esquizofrénico mundo reinventado una y otra vez. Mis demonios están alajados en una suit de mi cabeza, y parece que no tienen intención de irse. La calidad de vida entre tanto pensamiento macabro, es lo que tiene.

En fin, ya te lo dije. Marearse no es perder el equilibrio, es no saber dónde lo has dejado tirado.

Morfina.

Adormilarse con morfina. Con una nana, incesante tic-tac, como si fuese el chirrido inquietante del mal, a las tres de la madrugada. Vuelta al juego y perdí mis cartas, esta baraja estaba más que trucada, normal que siempre sacase dos de picas...

Leyendo cicatrices en braille, me están contando que hace mucho que se cerraron, pero que no saben contar tiempo. Es como si un ciego te describe el color rojo, es incoherente. Los nudos de cobarta siempre fueron elegantes, pero no demasiado voluminosos, disimulados. Es antiestético ver a alguien que parece que va a vomitar del corte de respiración por lo apretujado de la pajarita. Y se ve tanto últimamente...

La nuez marcada - a este paso, moscada -, y traga, y traga. La saliva se desliza faringe abajo y no sabe si servirá de ácido, pero no le importa. Aún tiene la certeza de que va a un lugar mejor que al mundo exterior, con muchos más gérmenes, y más grandes, del tamaño de su dueño. Quizá incluso su dueño sea un germen, y se las dé de glóbulo blanco.

Tú me entiendes, incomprendido.

domingo, 12 de mayo de 2013

Matices.

Los latidos de un corazón enfurecido, maltratando el esternón como si fuese la última vez que fuese a hacerlo así. El alma abriendo la boca para gritar y terminando con la lengua mordida, la cabeza gacha, pero el ego intacto. Tantos pactos y ya no sabe ni a quién le prometió, ni siquiera le importa quién le ha prometido. Quizá sus promesas solo son alguna que otra discusión entre la mente y los nervios, como si hubiese un cortocircuito y no se supiese por donde va a ir la corriente. Ni falta que hace, improvisar siempre fue rentable. "Soul and Sick" rezando en neón, sobre el cartel de un hostal de carretera. El asfalto árido, casi al rojo vivo después de un día caluroso, en el que el sol parecía haber llegado a su cénit más de una vez. En el que parecía que la bohemia podía apoderarse de aquella noche. Qué iluso, no va a cambiar nada porque todo sea diferente.

Reflexión

Otra vez delante de la escritura, gritando y tan muda. Nadie escucha lo que escribes, a todos se la suda. Cambio, cambias, estás al borde del puente, con un poema escrito a Cambria, 8 pt, cursiva. El título en negrita, como mandan los cánones, pero no importa. Te recordarán como "el que se tiró por el puente, con una poesía... ¡Qué profundo era!". Pero en realidad, a nadie le importa. ¿Es más persona una persona cuando está muerta, y por eso hay que tenerle más respeto o admiración? Cuando el último suspiro de la vida escapa ansioso por los labios, más que persona se considera cadáver. Realmente, esa hipocresía es la que hace que el mundo se mueva así. Nadie es nadie hasta que se muere, y todos son igual que todos en vida.

sábado, 11 de mayo de 2013

Pirólisis.

Donde hubo fuego, cenizas quedan. ¿Y quién te dice que quemó tanto, y que no hubo fuego? Que sólo una pirólisis terminó por convertirnos en carbón, inservible, nocivo y contaminante. Como si fuesemos una reacción nuclear, como si fuésemos una bomba atómica. Que libera más energía de la necesaria, y termina por acabar con toda la vida. Quizá de puertas para dentro, quizá de fuerzas para fuera. Quién te dice que no fuiste siempre quimera y te creíste Medusa, petrificándome y no dejándome ver tras tus ojos que me estabas calcinando... Mientras tragaba los nudos de mi corbata. Siempre elegantes, siempre, hasta en la muerte. Nuestros ataúdes eran más lujosos que los burdos trajes de gala que vestíamos. La gente decía que hacíamos buena pareja, tan ciegos... No veían las rajas de mi ánima. Tú, como pillar SIDA por una jeringuilla en la barandilla del metro de Madrid. Irremediable, y. Un golpe de mala suerte que te lleva al agujero.

Crucifixión

No, no necesito escribir, ¿por qué escribo? Exhalo decepciones propias, de nadie más, a nadie más le importan. El porte regio, aunque no deba mantenerlo. ¿Cambio? Corto. Demasiado corto y efímero, como el suspiro antes de cerrar los ojos y sumirte en un letargo inconforme en el cual dormir mil noches pero despertar en pesadilla mil un día, no es suficiente. Los caninos me sangran, o están cubiertos de sangre, ya no lo entiendo. Mordí cosas irreemplazables. Al menos ahora llevan la marca de mis dientes en el cuello. Y rezo para que también les queden la misma marca que a mí en las muñecas.

viernes, 10 de mayo de 2013

One more night.

Aquí me encuentro, una noche más, diciendo que soy poeta de mal augurio y escribiendo dos versos y medio, mal escritos y mal sentidos. Pero con una métrica perfecta. Son las dos de la tarde, y en mi cabeza reina las tres de la madrugada. La parca a mi siniestra, a mi diestra mi ángel de la guarda, caido en guerra. Me está contando que ahí arriba muchos rozan el cielo contando que la vida es perra. Acabar con la vida de raíz, como las plagas de saltamontes con el maíz. Como mis ideas con mis ideas.

sábado, 30 de marzo de 2013

Bleeding it.

La parca está echandose
un pulso conmigo
y aunque sea todo hueso
puede con mi sumo y sigo

Ya no me llega el riego
cerebral a la estación
de sueños atropellados
por llevarlos a cabo

De cabo a rabo
fingiendo ser fuerte
escribiendo novelas
como Arturo Pérez Reverte

Estoy seguro
de que no voy a volver a verte
por eso me acojona
borrar todas tus fotos

No he vuelto a beber
desde que te fuiste
porque me da pavor
volver a llamarte

Voy a tener que tomar parte
en tus putos despistes
que llevas mil borracheras
y todavia no me llamas

Lúgubre, morir tirao' en la cama
pensando en tu recuerdo,
en tu coño, en tu ventana

Como echar de menos
las mejores vistas
de tu habitación
aunque diesen al cementerio

No me tomes por serio
bromeo con el karma
sigo buscando la calma
en dias de tormenta pura

Paz espiritual
conseguida por una
bomba atómica
y tu camiseta térmica
enfriando mis ideas

Quisiste ser mi panacea
y ahora solo eres la ponzoña
ahora toda esa peña
lleva la razón

Dime si vas a volver
al puto callejón
de mis malditas ideas
congeladas como glaciares

Si vas a mirar al cielo
para ver nubes negras
tintadas de sangre
desde los soportales.

jueves, 21 de marzo de 2013

X


Los susurros apócrifos
que se suceden en mis temblores
ataraxia mental
dueña de estos girones.

Lipotimia carnal
y el ánima destruida
cual pez abisal
a altas presiones habitando.

Tiritando como un carcamal
rasguños provocados
por el éxtasis arraigado
en las yemas bucales.

La caricia estacional
entre aquellos arrabales
los niños en las calles,
la fama que me torna infame...

sábado, 2 de febrero de 2013

Amor eterno



Podrá nublarse el sol eternamente; 
Podrá secarse en un instante el mar; 
Podrá romperse el eje de la tierra 
Como un débil cristal. 
¡todo sucederá! Podrá la muerte 
Cubrirme con su fúnebre crespón; 
Pero jamás en mí podrá apagarse 
La llama de tu amor.


Gustavo Adolfo Bécquer

jueves, 3 de enero de 2013

Remember.

Haz como que todo va bien. Como si no tuvieses ganas de dejarme la espalda hecha un cristo después de haberte follado toda la noche. Como si no tuvieras más desenlace que tu entrepierna contra la mía una y otra vez golpeteando. Haz como si fuera bonito lo de ponerme caliente, reina. Que el diamante de tu espalda siempre brille por mí, que por otro me la suda, porque el único carbono que dio a luz ese diamante, fui yo. Recuérdame. Recuérdate. Recuérdanos. Recuerdos. No les tengas miedo. Esos ilusos dicen que rompen, y esos son, ilusos. Yo contigo, tengo buenos recuerdos. ¿O no? O si. Todo teniendo en cuenta que perfil de buenos recuerdos tenemos cada uno.

Para mí las peleas eran buenos recuerdos. Y los polvos de después mientras te mordías el labio y me mirabas de reojo con los gemidos entreabiertos, también eran buenos recuerdos. Reina, si vas a reinar, empieza por mis ruinas, a ver cómo se te da, pero no esperes riqueza y joyas, que yo solo tengo mi voz y mi polla, no más. ¿Más buenos recuerdos? Cuando me odiabas. Me sentía más muerto, por lo tanto me recordaba que había estado más vivo, y que se podía estar más vivo porque me sentía muerto. Iluso, iluso... cuándo aprenderé.

Te acuerdas de ese primer verde, que decías que querías para verme más. Mira a la Luna, que está sola y le importa una puta mierda - mentira, mentira, deja de mentir ya, la Luna llora conmigo todas las noches entre resquicios de lo que fue, le han dado tantos golpes esos meteoritos que me comprende mejor que ninguna - ¿a quién veías, mientras mirabas a la Luna? ¿A mí o a mí? Sabes que no somos la misma persona, lo sabes mejor que ninguna.


¿Recuerdas? Recuerdos. Como un témpano de hielo. Exasperante. Intrigante. Pero, chica, recuérdalo, yo tampoco fui nunca importante.