Los párpados completamente abiertos, al igual que las pupilas, dilatadas, llegando a parecer las de un drogadicto puesto de heroína. El esclarecer me ciega, y eso que vamos a oscuras. Los músculos se me tensan, como si estuviese en peligro. Como si fuese a desatar un grito desgarrador en cualquier segundo. Instinto animal. Los vellos se me erizan, respuesta a un dedo en la nuca, incorpóreo, solo se trata del humo denso de un cigarro mal apagado. Sigo ciego, no veo, por mucho que agudice la vista. ¿A que no te acuerdas de la última vez que miraste algo para después verlo? Yo tampoco, la oscuridad deslumbra tanto...
Tiro un penique y cae de canto, ¿qué pasa? No voy a conseguir salir de mi esquizofrénico mundo reinventado una y otra vez. Mis demonios están alajados en una suit de mi cabeza, y parece que no tienen intención de irse. La calidad de vida entre tanto pensamiento macabro, es lo que tiene.
En fin, ya te lo dije. Marearse no es perder el equilibrio, es no saber dónde lo has dejado tirado.
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