lunes, 13 de mayo de 2013

Morfina.

Adormilarse con morfina. Con una nana, incesante tic-tac, como si fuese el chirrido inquietante del mal, a las tres de la madrugada. Vuelta al juego y perdí mis cartas, esta baraja estaba más que trucada, normal que siempre sacase dos de picas...

Leyendo cicatrices en braille, me están contando que hace mucho que se cerraron, pero que no saben contar tiempo. Es como si un ciego te describe el color rojo, es incoherente. Los nudos de cobarta siempre fueron elegantes, pero no demasiado voluminosos, disimulados. Es antiestético ver a alguien que parece que va a vomitar del corte de respiración por lo apretujado de la pajarita. Y se ve tanto últimamente...

La nuez marcada - a este paso, moscada -, y traga, y traga. La saliva se desliza faringe abajo y no sabe si servirá de ácido, pero no le importa. Aún tiene la certeza de que va a un lugar mejor que al mundo exterior, con muchos más gérmenes, y más grandes, del tamaño de su dueño. Quizá incluso su dueño sea un germen, y se las dé de glóbulo blanco.

Tú me entiendes, incomprendido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario