sábado, 11 de mayo de 2013

Pirólisis.

Donde hubo fuego, cenizas quedan. ¿Y quién te dice que quemó tanto, y que no hubo fuego? Que sólo una pirólisis terminó por convertirnos en carbón, inservible, nocivo y contaminante. Como si fuesemos una reacción nuclear, como si fuésemos una bomba atómica. Que libera más energía de la necesaria, y termina por acabar con toda la vida. Quizá de puertas para dentro, quizá de fuerzas para fuera. Quién te dice que no fuiste siempre quimera y te creíste Medusa, petrificándome y no dejándome ver tras tus ojos que me estabas calcinando... Mientras tragaba los nudos de mi corbata. Siempre elegantes, siempre, hasta en la muerte. Nuestros ataúdes eran más lujosos que los burdos trajes de gala que vestíamos. La gente decía que hacíamos buena pareja, tan ciegos... No veían las rajas de mi ánima. Tú, como pillar SIDA por una jeringuilla en la barandilla del metro de Madrid. Irremediable, y. Un golpe de mala suerte que te lleva al agujero.

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