sábado, 18 de mayo de 2013

Nubes negras.

He vuelto a escribir bajo la lluvia que no se distinguen mis ojos del exterior, con el frágil folio volviendo a abandonarme una noche más. Con el pulso desbocado, mirando al frente, la espalda empapada y yo deslizándome. El cuello arqueado, ¿ya no cojo aire? Qué me pasa, qué me pasa, es como si la soga hubiese venido sin mi permiso...

Malditos requisitos, ¿crees que voy a terminar cumpliéndolos? Hablo con el del espejo como si supiera quién soy, como en el tópico del gemelo bueno y el malo, pero yo tengo una crisis de identidad. Las costillas expuestas, ¿los huesos tienen terminaciones nerviosas, o es que el dolor psicológico se está tornando físico? He vuelto a diluviar por algo que juré no volver a guardar duelo, qué paradoja... Tengo complejo de Jesucristo, resucito y me voy a por tabaco, volver a los tres días con abstinencia pura. Y no por los cigarrillos, hay cosas más adictivas, más saludables y más perecederas. Pero arriesgarse a hacerse daño es gratis, a diferencia del tabaco.

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