domingo, 12 de mayo de 2013

Reflexión

Otra vez delante de la escritura, gritando y tan muda. Nadie escucha lo que escribes, a todos se la suda. Cambio, cambias, estás al borde del puente, con un poema escrito a Cambria, 8 pt, cursiva. El título en negrita, como mandan los cánones, pero no importa. Te recordarán como "el que se tiró por el puente, con una poesía... ¡Qué profundo era!". Pero en realidad, a nadie le importa. ¿Es más persona una persona cuando está muerta, y por eso hay que tenerle más respeto o admiración? Cuando el último suspiro de la vida escapa ansioso por los labios, más que persona se considera cadáver. Realmente, esa hipocresía es la que hace que el mundo se mueva así. Nadie es nadie hasta que se muere, y todos son igual que todos en vida.

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