¿Sabes de qué te hablo cuando te menciono esa brisa mañanera, que se cuela todas las noches por debjo de tus sábanas, y no te deja descansar tranquilo? Aunque no descanses normalmente. Esa brisa, que termina fastidiándote tanto, pero a la que nadie hace ni el más mínimo caso, y podría ocasionar un huracán.
Llevo el nombre y los apellidos de esa brisa. Así es que siento las falanges de la parca recorriendo mi barbilla, coqueteando conmigo, por haber pecado de tal manera y haber acabado com tantas ilusiones... Mi veredicto es inocente y el suyo muy distinto. Se mira los labios en la guadaña, el fili reluce por el reflejo de la luna nueva sobre éste. Un lobo aulla a lo lejos, añorando a su pareja de madrugadas. Como yo grito desde lo hondo porque Melancolía se ha acoplado en mi cama, con un espejo que deforma la imagen.
Te hablo de esos que sacan tantas risas a los niños, y que suelen estar enmarcados en un payaso, o algo parecido, estas cosas que hacen reír a los infantes. Pero si el chico tiene miedo a los payasos...
Soy como ese chico. Antes mirarme en el espejo me hacía sentir bien, desde que no conozco al reflejo, ni puta gracia.
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